Chris Offutt tenía razón | El enorme poder del lenguaje

Chris Offutt es uno de los escritores norteamericanos más reputados de los últimos tiempos. Es autor de libros de memorias, colecciones de relatos y novelas, y hoy lo rescatamos para eDiccionarios con motivo del que es su libro más famoso, Mi padre, el pornógrafo, publicado en España por la editorial Malas Tierras.

En este libro Chris Offutt vuelve a su infancia para analizar su relación con su padre, Andrew J. Offutt, escritor compulsivo que, tras su muerte, le dejó en herencia a su hijo un material inabarcable de libros pornográficos, muchos de ellos escritos por él mismo. (La extensa bibliografía de Andrew J. Offutt, articulada en libros de ciencia ficción y, sobre todo, pornográficos, viene recogida en Mi padre, el pornógrafo).  

Recuperamos un breve fragmento en el que Chris Offutt narra sus primeros pasos como escritor, cuando aún estaba en el colegio. (Las negritas son nuestras).

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Mi padre el pornógrafo, de Chris Offut (fragmento)

“Como preparación para el instituto, en quinto grado empezamos a hacer cambios de clase. La profesora de Matemáticas y Ortografía tenía una pala casera, larga y fina, con un mango tallado. La usaba más que nadie, siempre con los chicos. Se instauró la extraña costumbre de firmar la pala con tu nombre después de que te zurrara. Yo nunca entendí aquello y me negaba a firmar, aunque me pegaba a menudo. Aplicaba aquel castigo en el pasillo, donde el estudiante descarriado se reclinaba y ponía las manos contra la pared. Ella se colocaba detrás y manejaba la pala como si fuese una raqueta de tenis.

En clase de Ortografía, nuestra tarea semanal era definir veinte palabras. Yo escribía las respuestas rápidamente y se las entregaba. La profesora las desdeñaba, diciendo que se suponía que tenía que copiar las definiciones del diccionario. Yo le dije que eso era un aburrimiento, porque ya me sabía aquellas palabras. Ella se mofó y me dijo que lo demostrara escribiendo una historia en la que usara correctamente cada una de las palabras. Si me equivocaba, me llevaría una tunda.

En la lista de Ortografía de la semana siguiente aparecía la palabra minuto, que yo incluía obedientemente en un relato sobre una justa medieval. Los dos caballeros eran sir Christophoro y sir Robbiano, enemigos jurados que buscaban complacer al rey. Un chico llamado Robbie vivía cerca, en el mismo risco, pero al otro lado de una estrecha hondonada. Su padre lo acosaba y Robbie me acosaba a mí. Una vez agarró una rama baja de un árbol de tal manera que, al soltarla, la rama saltó por los aires y me dio en plena cara. Me dolió muchísimo y me dejó una marca durante días. Robbie me derrotó en la vida real, pero en mi relato sir Christophoro aplastaba a sir Robbiano sin piedad.

Mi primera historia para la clase de Ortografía incluía este renglón: «El daño que sir Christophoro recibió fue minuto». La profesora se mostró encantada con mi aparente mal uso de la palabra y le sugirió a la clase que estaba tratando de llamar la atención. Yo protesté, afirmando que ese minuto era correcto. En un intento de avergonzarme delante de la clase, me dijo que cogiera el diccionario y que buscara minuto. Leí en alto la segunda entrada, donde se definía minuto  como «insignificante o trivial». Me acusó de mentir. Al enseñarle el diccionario, su expresión me reveló el enorme poder del lenguaje. Los relatos cortos que a partir de entonces escribí para la clase de Ortografía forjaron un vínculo entre el acto de escribir y la rebelión. La narrativa era un arma contra el mundo, más efectiva que la espada de sir Christophoro.

Chris Offut, Mi padre el pornógrafo, Malas tierras, 2019

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Última actualización el 2021-09-17 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados

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